102 asambleístas unánimemente dieron el SI a la gestión de la Junta Directiva
Ricardo DE MORA
Según cuenta la historia las Asambleas se formaron para facilitar la participación democrática del pueblo en las decisiones que podían afectarles. Estas se remontan al origen de las sociedades o asociaciones y se encuentran en todos los pueblos que han gozado de alguna libertad: hebreos, egipcios, griegos, romanos… y en la Comunidad Valenciana , como es nuestro caso. Y no excepcional, afortunadamente, y por supuesto.
Pues con estas premisas, nuestra Asociación celebró por primera vez en su ya larga andadura, la 6ª Asamblea de socios-voluntarios en fecha no habitual ya que, como recordarán todos era allá para el mes de octubre cuando tenían lugar estas “megareuniones”. Ahora por mor de criterios estatutarios se hace conveniente o necesario celebrarlas dentro de los primeros meses del año, algo así como dentro del primer cuatrimestre.
Y así se celebró. Fue el viernes, 29 de mayo, de la que oficialmente todos los socios-voluntarios de AVIMCV tienen cumplida información, pues no en vano la eficiencia de nuestro secretario Ramón Campos se pone en evidencia en cada propicia ocasión que se presente.
Así las cosas, la mesa ocupada por el presidente, Sebastián Gil , la vicepresidenta Palmira Calvo , el susodicho secretario y la tesorera Amparo Pérez , inició su andadura ofreciendo todo tipo de explicaciones tanto desde el ángulo social, como en el económico y el académico.. Nada que objetar: las cuentas están claras, las ideas renovadas, los deseos casi cumplidos y los proyectos por cumplir.
Los 102 asambleístas asistentes, naturalmente, dieron el sí a la gestión de la Junta Directiva de manera unánime.
Pero entre tanto...
Yo diría que la participación de los socios-voluntarios, pues estos conceptos no pueden ir separados, tiene una grandeza extraordinaria. Si uno se detiene a observar las actitudes de cada uno, especialmente al arribo de los autobuses procedentes de los mas diversos pueblos de la Comunidad Valenciana , tiene que pensar que mas que a una asamblea fria y rigurosa en la que se van a debatir temas y problemas latosos, se va a asistir a una reunión de amigos – masiva, sí, pero reunión al fin y al cabo -, en la que, pese a su lógica seriedad y formalidad, en en los mas amplios sentidos de las palabras, se va a pasarlo bien, de manera distendida, sin acritudes y en busca de un poco mas de aire fresco para seguir en el empeño de eso tan bonito llamado voluntariado. Pues de eso es de lo que se trata.
Y es que, si somos serios, hemos de reconocer, que la savia se encuentra en este grupo de hombres y mujeres que rigen los destinos de nuestra Asociación, fundamental y esencialmente en las gentes – en nuestras gentes -, que a diario trabajan por mantener viva la llama de AVIMCV, logrando de esta forma defender el liderato que honrosa y legítimamente ostenta nuestra asociación, referente de tantas otras – hermanas – instaladas en los mas diversos centros del país.
Dicho eso, que me parecía obligado y justo (puedo cantarle las 40 al mas pintado, que conste), quiero hacer un breve examen de la que me pareció una de las jornadas mas tranquilas, limpias, serias y afables de cuantas hemos celebrado. ¡Y van seis ¡
Sí, ha sido esta la sexta asamblea desde que se constituyó la asociación. En el argot futbolístico tendríamos que decir que: así que pasen doce meses, “ ALCANZAREMOS LA SEPTIMA ”, pues que casi se me antoja que cada asamblea que celebremos será como un nuevo trofeo que alcanzamos. Y, ¿qué satisfacción mayor puede haber para una asociación, que la de sumar un año a otro año… cumpliendo los objetivos propuestos?
Pero si bien es de cumplimiento obligado el hecho de reunir anualmente a todos los socios-voluntarios en un foro donde rendir cuentas, informar de cuanto se ha hecho, exponer todo cuando queda por hacer y considerar propuestas ( en esta ocasión no hubo lugar, dado que no se presentó ni una sola), otro hecho a considerar, y de él ya me he ocupado en alguna otra ocasión, es la oportunidad que se nos ofrece de contactar con “viejos camaradas” ( lo de viejos es por conocernos de largo, no se me altere el hemiciclo), comentar las cuitas de cada uno, interesarnos por la salud ( muy propio a nuestras tiernas edades) y todo aquello que comporta la amistad o la simple y noble relación de “informáticos señor”, aventura que se me antoja apasionante, tanto desde el conocimiento de la materia, las nuevas tecnologías o la de practicar nuestro lema, ese que dice “DE NADA SIRVE SABER HACER SIN HACER SABER”.
No quisiera extenderme demasiado, pero si que se me permita tener un recuerdo en memoria de aquellos compañeros que nos han dejado, de todos aquellos que por causas de salud ya no pueden reunirse en asamblea, los que ya no podrán compartir ese momento excelente del almuerzo en el que distendidamente, despojada la seriedad y formalidad del primer acto, abiertamente, confluyen y convienen en que se han hecho muchas cosas pero que aún quedan mas por hacer, en debatir mesa contra mesas o dentro de la misma, los temas que nos han llevado hasta el salón de actos de la Dirección Territorial de Bienestar Social de Valencia, lugar de encuentro de nuestras inquietudes y apasionadas aventuras en esta era de las nuevas tecnologías.
¡Si nuestros abuelos levantaran la cabeza¡